Lissandra

Años de clausura por vaciles que se instauran con el tiempo, destierros que en la juventud deberían ser vedados por tus dioses, razones suficientes tuviste para ignorar a mi deidad y comenzar a creer en tu propio entierro.

Ojos distantes que emiten vacíos y desvelos interminables, fuiste la razón de mi razón porque razones nos faltaban. Te sientes cansada, yo te percibo jubilosa, entres sones y añoranzas se desbordan mis afectos.

Como legado congénito de letras y atropellos, comencé a amar cuando la aversión inundaba tus entrañas, en el ocaso fuiste mi fiel compañera, aunque fueron pocas veces las que nos invadió la calma.

Ahora que los años te han dado más vida, ahora que las mareas no cobran efectos en ti, quiero que mis letras te alcancen esta noche, y que por ningún motivo me dejes de querer.

Oh Lissandra, la niña que una vez robó versos se ha convertido ahora en la poetisa de mis agallas. Tus aprensiones y tormentos se han vuelto nada en la marejada de mi amor constante, dime Lissy cómo haré cuando te vayas, cuando la vida me reclame que soy brisa en el tumulto de tus vientos cansados.

Yo te quiero y tus silencios me espantan. Tú me quieres y nunca te haré falta, que todas las primaveras que restan por llegar, sean símbolo de tus travesías, que tu fortaleza se empecine a verte sonreír, y si tienes que llorar que sea conmigo, la hermana que siempre te habrá de amar.

De vuelta

Y volví al lugar donde la paz no tiene cabida, pero donde la esperanza ocupa un lugar esencial.

Volví al motivo donde el corazón reposa, palpitante sensación de ausencia, aquí las paredes rígidas de tinto chillante, albergan un escaso pero genuino consuelo.

Volví a donde todo comenzó, al cuarto ordenado y a las ideas dispersas. A las arduas y reacias jornadas de labor, al insuficiente pero urgente reposo, al apetito insaciable de olvido y pudor.

Volví a los pensamientos exasperados de estar mejor en duelo que procurando la paz. Sustraerme de absolutamente todo es mi deseo, que se esfume la idea resuelta del tiempo, hay cosas que no cambian, solo renacen, hay instantes que mueren, felicidad por coraje.

Los impulsos son los peores consejeros, me han hundido en las aguas más profundas de culpa. Se me da por inventar frases y palabras, por reinventar la rutina y asignar significados. Los errores cotidianos y las disculpas sinceras son castigos que impongo a las genuinas cuestiones de la vida.

De vuelta al inhóspito suplicio del querer, del quererme bien habiendo hecho todo mal, en la intención de la soledad por la soledad, he vuelto a redactar.

Reproche

 

Fallarse desencadena la penitencia más letal para la tranquilidad del ser

No hay peor castigo que un sentimiento de tal magnitud repose en lo más recóndito del pecho y adquiera fuerza en los letargos de una inmensa agonía

Me duelo, pero tú me dueles en la medida que ya no me duelo más

El obstinado

Te escribiría todos los días que le restan a mi realidad, viviría empecinada en librar todas las contiendas que le faltan a nuestros bélicos y ya casi nulos encuentros. Pero de qué sirve entonar al alba melodías que nunca serán escuchadas, versos que no serán leídos y abrazos que nunca se recibirán por el repudio de atardeceres que olvidan, que niegan y enclaustran sentimientos para no ser liberados jamás.

Dime de qué serviría que yo te siga procurando cariño, si la tibieza ya me la has arrebatado hasta de la cordialidad con la que me mirabas. No puedo compeler tus acciones, no puedo obligarte a cambiar de rumbo, a sabiendas que fue éste el que te direccionó a un nuevo hogar.

Dime tú, de qué sirve quererte cuando tú aun queriéndome, te obstinas a olvidarme.

Fragmento, Estación Bilbao. La chica de la mancha.

homónimo de un amor previo

A veces miras distinto, como embelesado, como perdido. Usualmente la velocidad de tus días y tus tardes, adentran tu atención al vicio cotidiano del trabajo, de las letras y del vino.

El vacío característico que deja una noche sin cafeína, sin besos ni sofocos, hacen de tu vida miseria y de tu miseria, una carcajada.

Dentro de la mística realidad de tu palabra, detrás de cristales que pausan la intensidad de tu mirada, o ya no sé si de la mía, existió la fuerza con la que deseaba dormir, misma que, entre mensajes vacíos y conclusiones sin fundamento, acabaron con mis ganas de besarte el alma.

Cesantes vacilaciones, incesantes las jornadas, contradicciones en paradoja dentro del pésimo oficio de quererte.

La vida se me volvió nada, me sumergí en la mentira de mis pensamientos y en la veracidad de mis sospechas. Opté por esperarte tranquila, pero fuiste tú quien precipitó el desenlace del último momento.

Si terminan tus líneas, volveré a leerte, y este juego de palabras y vacilaciones, se volverán la rutina cíclica más placentera de los años que le restan a la vida.

A menos de un año

Búscame dentro

Búscame en lo más recóndito de la noche

Búscame donde el silencio clama

Busca donde mi voz calla a gritos en el estruendo de tus labios infinitos

Búscame donde la desnudez se palpa en el calor de una lágrima

Búscame ya

Búscame, pero no me encuentres.

Quédate

Quisiera escribirte siempre, por mis noches y por mis días, pero tengo miedo de que te vayas. Que te vayas y lo único que me quede sea este papel impregnado de recuerdos. Porque aunque no me has dado ni un solo motivo, he encontrado más de una razón para pensarte todo el tiempo. Así que, quédate este domingo al atardecer, yo veré qué es lo que hago después.